Plaza Stefano Massobrio

El bautizo de la plaza, que se construye en la intersección de las calles Guayana, Brasil, Bolívar, Ricaurte, Guevara Rojas, Anzoátegui y Sucre, con el nombre de don Stefano Massobrio Porrati, no es una distinción alegre. Es el justo reconocimiento a un hombre, que consagró su vida al crecimiento, consolidación y desarrollo de un pueblo, al cual llegó, cuando todavía estaba en su etapa incipiente. Hay que recordar, que en 1933 y recordar es vivir, que en la inmensa sabana de la Mesa de Guanipa, en las adyacencias al pozo petrolero OG-1, se levantaba una pequeña aldea, con lugareños del Caris, atraídos por la explotación del oro negro, la cual con el tiempo, devino en la ciudad octogenaria de El Tigre. Una corta y rica historia iniciada al calor de la industria petrolera.  

El 11 de noviembre de 1918, concluyó la primera Guerra Mundial y la Italia de la postguerra, diezmada y seccionada en su territorio, no ofrecía muchas oportunidades de realización a sus habitantes, por lo que muchos jóvenes, obligados por esa desastrosa situación, se vieron obligados a emigrar. En uno de esos grupos, en el año 1934, llegó al puerto de La Guaira, Stefano Massobrio Porrati, procedente de Argentina, dónde había pernoctado por espacio de 3 meses, sin mucha suerte. Una vez en la tierra de Bolívar, se internó en tierras guayanesas, cautivado por la fiebre del oro. Llegó al Callao, al poco tiempo, enfermó de paludismo, se retiró a Upata, dónde superó la enfermedad. En ese pueblo conoció a la joven Amelia Daly, con la cual contrajo nupcias y se trasladó a Delta Amacuro, para trabajar como mecánico,  con la empresa SOCONI. Al año se retiró, con  los ahorros compró un camión volteo y en el año 1936, entusiasmado por la familia Dreguer, llegó a El Tigre, que todavía era, repito, una pequeña aldea e inició una larga trayectoria como emprendedor y empresario, que le da una inmensa notoriedad, como uno de los primeros pobladores y habitante, que contribuyó hasta su muerte el día 1 de enero de 1964,  a la consolidación y desarrollo de la ciudad. 

Isidoro Celma Mir, que era su concuñado, en ese tiempo, construía el edificio de la primera sede de la concesionaria FORD en la calle Guevara Rojas y fue su primer cliente en el suministro de materiales de construcción, actividad a la cual se dedicó, hasta el año 1941, cuando ya instalado y residenciado en lo que posteriormente resultó la calle Ayacucho,  obtuvo con la CREOLE, la concesión para instalar la primera bomba de gasolina formal (antes existía un llenadero con tanques aéreos en el área dónde está ubicada la bomba La Primavera que fundó don Vico Tesio),que ubicó en donde se construye la plaza, que merecidamente llevará su nombre y, que se conoció hasta que fue demolida, como la “Bomba Primavera”. Esa área era parte de la sabana que colindaba con la entrada de la extinta calle Cantaura (hoy Bolívar), luego logró la concesión para instalar la bomba Massobrio, frente a Campo Oficina y más tarde la bomba Venezia, que fundó en la entrada de la avenida Fernando Peñalver, pero que si miramos en perspectivas, están alineadas en la carretera que conduce al estado Bolívar. Es lo que llaman visión de futuro. Es más, su segunda y última residencia la construyó, muy cerca de la concesionaria Chevrolet, cuya edificación exhibe al lado la esfera de concreto, que forma parte de la primera fuente luminosa del pueblo y es conocida como la “Bola de Massobrio”. Exactamente en la arteria vial, que ahora conocemos como la avenida España. Estáis ubicados. Él estaba bien ubicado.

Don Stefano Massobrio Porrati fue un emprendedor que llegó a constituirse en uno de los primeros empresarios exitosos del pueblo, por su confianza y seguridad de que, el pequeño poblado, tenía una gran potencialidad, de allí que sus ganancias las reinvirtió en El Tigre, pueblo que adoptó como su patria chica. Las edificaciones del hotel Arichuna, que en principio sirvió de hospedaje a los viajeros que laboraban para la Chevrolet y la Ford, la moderna sede de la concesionaria Chevrolet, el edificio que sirvió de sede a la primera agencia bancaria (Venezuela) en la calle Guayana y otras construcciones en la calle Guevara Rojas y otros sitios de la ciudad, son pruebas fehacientes de su apego a la ciudad. Es más, donó el terreno dónde se construyó, la antigua sede de la Casa Italia de la cual fue fundador junto a Ruffo Papini, Severiano Borean, Oreste Bandini, Ricardo Vaccari, Antonio Mangora, Bruno Moro, Vico Tesio, Nicola Fasciani, Salvatore Rossito, Vasco Rossato, Loda Papini, Biagio Cantagalli, Bernardo Schetini, Valeriano Marchi, Enrrico Rossito, Sergio Villa, Ana María Volante, Fernando Rumiz, Antonio Poletto, Mario Rossito, con los cuales suscribió el acta constitutiva, el 30 de junio de 1959. El club social insignia de la laboriosa colonia italiana que había llegado para quedarse en el pueblo. Memoria contra el olvido. 

Don Stefano Massobrio Porrati, procreó con su distinguida esposa Amelia Daly, dos hijos – gemelos – Italo y Venezía, que falleció con apenas un añito. Italo, quien a sus 78 años se mantiene activo al frente de su hato (La Argentina) en Upata – el hato Pueblito de don Stefano Massobrio en Guayana, que colindaba con el hato PUEDPA del Dr. Raúl Leoni, desapareció bajo las aguas de la represa del Guri. El hijo del Dr. Italo,el también Dr. Stefano Massobrio, está al frente de las empresas en la ciudad y tiene 3 hijos: Isabella, Lorenzo y Stefano, todos estudiantes de secundaria. Indiscutiblemente una generación de empresarios, que mantienen la tradición en la ciudad, iniciada por don Stefano. Ellos saben que seguir sus pasos e imitarlo, es el mejor homenaje que la familia puede brindarle, pero también, saber que las autoridades están conscientes de que hay razones suficientes para que la plaza que se construye en el terreno, que fue de su propiedad y el cual fue donado por la familia a la municipalidad, lleve su nombre como homenaje póstumo a quien dio parte de su vida a la ciudad, es importante. Es un paso muy apreciable, en la búsqueda de preservar, la memoria histórica de la ciudad y eso… hay que reconocerlo¡Albricias a las autoridades! Un gran acierto.

La plaza Stefano Massobrio, que pronto será inaugurada, formará parte de nuestro patrimonio histórico y será testigo mudo, que recordará a las generaciones presentes y futuras, la memoria de un hombre, que formó parte activa de los precursores y constructores de la ciudad que hoy disfrutamos y que traemos a estos destellos, con la firme aspiración de que, cuando nuestros eximios cronistas, historiadores e investigadores, decidan escribir la verdadera y auténtica génesis de la ciudad, lo incorporen al disco duro de su memoria histórica ¡Vale la pena!

 

El Tigre, febrero de 2015

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