Por NELSON ESPAÑA

Era, era tan flaquitico como mis deseos de este momento. Era tan flaquitico, lo recuerdo a cinco grados pilsen teniendo como testigo, al gran Julio, el Jaramillo nuestro, habitante de la vieja Wurlitzer de Luisa Maiz en la D-5; De carne y hueso. Y es que, ese flaquitico, si bien no tenía mucha carne, si tenía un corazón gigante como para amar siempre, con premeditación y alevosía. Y él amaba a sus viejos, a sus hermanos, a Héctor, a Elesio, a Carlitos, a todos y a todas. Era avispaíto el Galantoncito, le decíamos Maturín, y como en este campo, en aquel San Tome uno se sabía más el sobrenombre que el nombre, lo llamamos siempre Maturín. Tenía su pelo largo, que le chorreaba a un lado, como Trino Mora…pero flaquitico. Jugaba futbol, no se perdía una caimanera en el cerrito, y el flaquitico a veces serbia de portero. Tarareraba canciones, las llevaba s flor de labios, como si fuese hecho de melodías, de trinos de azulejos y negrosluises. Un trago más y veo a Maturín entre espumas, como habitando estas burbujas que nos hacen subversivo el recuerdo como para decir coño Dios, porque tiene que morir ese carajito tan joven. Pero uno sabe que la vida es lo más complejo y que la complejidad nos hace. -pido otra y un pañito pa’ limpia la mesa- y sigue conmigo MATURIN pidiéndome que cante sobre una tumba una rumba, y él lo veo clarito diestro con sus manos en el bongo. Maturín, Maturín, cuantos años de aquella tristeza que se nos metió por tu partida, mañana triste aquella era el luto de la K, de San Tome, del grupo San Juan, y quien iba a creer que te encontraría dentro de esta cerveza… y te asomas a mis ojos.