Son extraños los soles de estos días. Redondos, amarillentos, apagados entre nubes ligeras. O rojos rojos hasta el espanto en el crepúsculo. Hay, además, mucha brisa fuerte, a veces en ráfagas, lo que se agradece, porque la plaga se espanta. Desde el jueves por la tarde, no tenemos electricidad. Digo, a veces, como hoy, viene un flujito del cual se desconfía porque su duración y su intensidad son harto variables. Un flujito que puede durar, en óptimo caso, unas cuatro horas, que son insuficientes para que la bomba de agua pueda enviarla por todo el sector. Esta mañana, me levanté a las 5:00 am para ver qué podía llenar y conseguí surtirme de unos 15 litros. Por supuesto, tengo en los depósitos. Agua para beber y para cocinar, tengo. Para el baño y la higiene corporal, un poco, pero reducida. Para regar el huerto y el jardín, ya no. Regué el semillero, porque es lo más precario y necesitado. Por fortuna, había regado casi diariamente las siembras, en atención del verano inclemente, por lo que durante unos días el suelo conservará alguna humedad. Tengo recién sembrados: tres mangos, doce cítricos (limones y mandarinas), una guayaba, dos aguacates, cuatro matas de topocho, diez esquejes de yuca, que ya llevan renuevo, por lo menos dos matas de batata, cuatro ajíes dulces, cuatro pimentones, un ají chirel, dos lechosas. Además, en mis trabajosos jardines, dos cayenas, dos capachos, seis trinitarias (que soportan bien la sequía) seis ixoras (resistentes, pero improductivas hasta ahora, cinco palmeras, cactus, flores de muerto, botones de oro, viuditas moradas y una miríada de plantas innominadas que yo he bautizado: campanillas del pastor, tréboles rojos, mileidas: planats silvestres o recogidas por ahí. Y sin olvidar las hierbas de olor, como el cebollín, y las medicinales como el malojillo, el boldo y el pazote. Todas presienten, creo, que vendrán días más duros, y se muestran agradecidas con el esfuerzo que hago por nutrirlas, protegerlas de las plagas y darles agua. No puedo hacer más. Cuando me desanimo, pienso en toda esta vida que depende de mí. Y en los gatos: Matilda y sus hijos Bob y Luky. Matilda ha aprendido a comer de lo que caza y va enseñando a los cachorros. Ayer trajo una lagartija grande. Hoy, una paloma. Bob es el más avezado, Luky, más timorato en ese sentido, pero ellos aún no tienen tres meses. Y también son mi responsabilidad, aunque a veces solo tengo para darles arroz con lentejas y trocitos de auyama.
II.
Mis vecinos y yo hemos estrechado las relaciones desde que comenzó la crisis. Sabotaje o ineficiencia, esto ha derivado en situaciones más graves para la economía micro y macro que si se hubiera convocado a un paro: son 18 estados y la Gran Caracas sin electricidad, sin internet, con comunicaciones disminuidas: no hay actividades bancarias, ni en las oficinas ni electrónicas, el Estado no puede pagar sus nóminas y seguramente muchas empresas tampoco pueden, por la falta de efectivo, las actividades comerciales son imposibles, aunque se encuentran algunos alimentos, no se puede comprarlos porque los puntos de venta no funcionan, o porque, simplemente, no se tiene el dinero, las estaciones no pueden surtir combustible y los transportes lucen inútiles, en los hospitales, donde no hay generadores ni cosa que se le parezca, están muriendo los neonatos que necesitan incubadoras, los pacientes de cuidados intensivos, los de diálisis, no se pueden hacer intervenciones quirúrgicas más o menos seguras. Y ni qué decir de lo que pudiera estar pasando, y no sabemos, en cárceles, retenes y geriátricos. El problema mayor es la incomunicación: los teléfonos apenas si funcionan, las líneas están con baja operatividad, sabemos que está pasando algo muy grave, pero no sabemos exactamente qué.
Algunos piensan que este desastre es cosa de los malditos cubanos que nos parasitan. El G2, ese fantasmón, ese coco conque nos asustan. Hay quienes aseguran que el problema se ocasionó por la falta de personal adecuado y de mantenimiento en Guri, que provee de electricidad al 80% del país. Los chavomaduristas fanáticos (los hay: como un 18% del país) hablan de un megasabotaje cibernético y electromagnético: algo así como si Lex Luthor y Cerebro (con Pinky, of course) hubieran ideado la manera de penetrar los sellos de seguridad del software que maneja la represa (Maduro dixit) y, paralelamente, enviaron un rayo electromagnético satelital cuyo control remoto lo tienen Mike Pence y Marcos Rubio. Y lo repiten lo repiten lo repiten, no sé si para autoconvencerse. Lo cierto es que el desastre concuerda con el esquema de tierra amasada que manejan esos dementes: Maduro, cabeza visible, los hermanos Rodríguez (huérfanos siniestros e incestuosos) y Diosdado Cabello, él, sin epíteto conocido. Sus comparsas enloquecidos: la Chuky Valera y Pedro Carroña, a veces el Mario Silva, amenazan justamente con lo que sabemos: antes de dejar el poder que ya han usufructuado incendiar el país y matar a todos quienes puedan. No sería extraño que envenenaran las aguas.
III.
Dije antes que los vecinos de por aquí hemos establecido espontáneamente una red de solidaridades. Por ejemplo, el asunto de los mechuzos. Como es un vecindario semi-rural, y tenemos grandes patios, nos hemos estado iluminando con esas lámparas de un envase de vidrio o de metal, con tapa agujereada para que salga la mecha, llenas de gasoil. Dicen que por los alrededores los están vendiendo a 3 mil soberanos en efectivo, lo que es hasta barato, tomando en consideración que los chinos venden una vela, que dura lo que un suspiro, en 1.800 y hasta 3.000. Un velón puede costar hasta 10 mil. Pero los vecinos hemos aprendido unos de otros cómo hacerlos, compartimos los envases vacíos que tengamos y el gasoil, además de estar pendientes unos de otros y cuidarnos, porque la luna está nueva y su luz es poca. Sin mencionar que los envases con sopa, los trocitos de yuca o casabe, las tacitas con café, las botellas con agua, van y vienen por los cercados. Aquí en la casa tengo dos envases de la vecina del frente y mi vecina de atrás ha tomado como obligación personal darme café por la mañana y por la tarde. Gloria a Dios por eso, y que Él la bendiga.