ALEJANDRO A. TAGLIAVINI |  EL UNIVERSAL

Las teorías del fin del mundo se terminaron, mal que les pese a los políticos que suelen usarlas para asustar a la gente, y erigirse como salvadores a costa de los “salvados”, claro.
Los precios del crudo tocaron mínimos en 5 años, solo entre mediados de julio pasado y principios de este año el Brent bajó más de US$ 65/b hasta el nivel de 52/b, 63% de caída. Según los analistas, existe 50% de probabilidad que los contratos del WTI en marzo próximo queden debajo de US$ 66,50. De momento, para Morgan Stanley el piso sería de US$ 43/b llegando a un promedio de US$ 70/b para 2015 y US$ 88/b para 2016.

Así, las 15 compañías más grandes del sector han visto caer casi 30% su capitalización bursátil en seis meses, perdieron US$ 600.000 millones, y descartaron o congelaron inversiones por unos US$ 200.000 millones, casi la tercera parte de lo previsto para nuevas iniciativas o ampliaciones. La más afectada, Shell, vio bajar su capitalización bursátil unos US$ 90.000 millones, pero porcentualmente la más perjudicada fue Petrobras que cayó más del 55%.
Gobiernos de países como Rusia, donde el petróleo y gas representan el 68% de sus exportaciones y el 50% de sus ingresos fiscales, están sufriendo notablemente. Pero los bajos precios del petróleo podrían aumentar el poder de compra de consumidores reforzando la economía global. El “pico” del excedente petrolero ocurriría a mediados de 2015, continuando con la baja de precios. Entonces, si bien hubo un desarme en el mercado de futuros, China crecerá menos, Japón redujo su PBI y EEUU sube la tasa de interés, la causa básica en la caída del precio del petróleo es la súper producción. ¿¡Cómo!?
Los profetas del fin del mundo han existido siempre, en el siglo XIX decían que se producirían hambrunas a consecuencia de la migración de agricultores a la ciudad. Pero, gracias a la tecnología, hoy se producen más alimentos que nunca. Estos mismos depresivos, que anuncian catástrofes al estilo hollywoodense que terminarían con el planeta, luego dijeron que al acabarse el carbón la civilización desaparecería, pero el petróleo lo reemplazó con más eficiencia, y entonces dijeron que se acabaría el petróleo, ¡pero ahora hay súper producción!
Sucede que, dice la metafísica aristotélica, existe un orden natural hecho para crecer de modo que jamás el mundo -y menos la humanidad- podrá desaparecer. La naturaleza se las ingenia para evolucionar, siendo el principal recurso humano su razón con la que desarrolla tecnología capaz de potenciar infinitamente a los recursos. Ahora, sin el argumento de la escasez de petróleo, los agoreros dicen que el mundo desaparecerá por falta de agua y van contra el responsable de la súper producción petrolera, el fracking que consiste en fracturar la piedra utilizando agua, a presión, contaminándola con unos 500 químicos, en una proporción de 632 barriles por cada 441 de petróleo.
Chile puede dar fe de cómo, a partir de la privatización del agua, se puede abastecer plenamente a un país desértico en gran parte. En cualquier caso, no es cierto que el agua falte, ya que las posibilidades tecnológicas superan las expectativas. Por caso, una planta de desalinización de agua de mar provee el 25% del consumo en 23 municipios de Barcelona. En Singapur se reprocesan las aguas servidas a través de un sistema de ósmosis inversa que, por medio de membranas, solo deja pasar moléculas de agua.
Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

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