Por Alexis Caroles

“Mi infancia: Un lugar con muchos recuerdos donde a veces me refugio”

En este reportaje sobre Néstor Rojas se escucha la voz de un poeta que lleva encima su paisaje como el olor del mastranto y del pan que se dora en el horno. Le pedimos que colaborara con nosotros para esta edición especial y aniversaria sobre los 86 años de fundación de El Tigre. Esta tierra lo vio crecer y andar. De su infancia nos escribió: “Mi infancia es una casa con muchos recuerdos, adonde siempre regreso para encontrar mis huellas por los arenales, a plena sabana alumbrada por mechurrios. Transcurrió ajena a eso que llaman comodidad. De niño padecí de asma. Por eso no jugaba como cualquier niño. Pasé mis años infantiles inventando juegos de día y noche. A veces me refugiaba en un cuarto de zinc agujereado, por donde pasaban los rayos de luz que para mí eran como hilos que colgaban del universo. Entre los haces imaginaba mundos poblados de seres  flotantes, extraordinarios y maravillosos. Cuando los aguaceros torrenciales caían como latigazos en las tierras y sabanales de la Mesa de Guanipa e inundaban las calles de El Tigre, mi hermanita Esther, que murió cuando apenas tenía 8 años, jugaba conmigo a los barquitos de papel, calle abajo hasta llegar a la Plaza Bolívar. Un día murió después de haber regresado de unos de esos viajes y juegos bajo la lluvia, entre barquitos y papeles que lanzábamos para que se fueran con las aguas”. Eso cuenta el poeta en un escrito que da cuenta de esos tiempos inolvidables y que me hizo llegar.

El Tigre fue el inicio de su inspiración y sus primeras experiencias poéticas: “En los márgenes de esos años que viví, todavía resplandecen esos soles como viejas hogueras que alumbran mis primeras edades. No viví en una tierra cualquiera: El Tigre fue para mí el hallazgo de la poesía. Eso era la sabana para mí con chaparros siempre verdes, a cuya sombra dormía para ver bocarriba los senderos del cielo y las nubes que parecían ovejas pastando en la pradera de la primavera. Las huellas que esa infancia me ha dejado en el alma se resisten al olvido y de cuando en cuando afloran en mis poemas.”.

Hijo del Panadero

¿Quién en El Tigre no conocía a El Panadero o Cuquero de Pueblo Nuevo? Por aquí crecimos comiendo los panes que salían de una casa ubicada frente a la Iglesia San Antonio. Al cuidado de la abuela, Dominga Rojas, fueron dejados cuando la madre murió muy joven. Nos veíamos en la escuela Santeliz Peña. Al poeta lo conocimos después, en la Casa de la Cultura, en los tiempos de Edna de Vallenilla y Helí Colombani. “Franqueo de punta a punta de memoria aquella calle que me llevaba a la plaza. Gozaba caminarlas arterias de un pueblo que en las tardes me mostraba su belleza, valoradas como únicas, así como sus amaneceres. El Tigre levantaba sus muros, entre árboles de mango, dejando espacios sin fronteras para que crecieran las frondas de mi imaginación. Ese es mi paisaje que iluminan las palabras con las crecí. Recordaré siempre de donde procedo. Su recuerdo lo llevo en mi equipaje”.

Bajo el signo de piscis

Nos cuenta el poeta que en realidad no sabe en qué fecha nació exactamente. Su santoral es el 26 de febrero. Néstor Julio Rojas Mata nació en la ciudad de El Tigre, del estado Anzoátegui, en el mediodía del 27 de febrero de 1961, aunque según sus propias palabras: “mis padre, Publio Rojas, que conocieron como El Panadero o Cuquero de Pueblo Nuevo, y Maura Esther Mata, que murió cristianamente a los 33 años cuando apenas pisaba yo los nueve años edad, nunca se pusieron de acuerdo en la fecha de mi nacimiento. Mi abuela paterna, que en paz descanse, siempre dijo que yo había nacido el 26 de febrero de 1960, pero mi padre al momento de presentarme indicó como día y año un 27 de febrero de 1959”, nos cuenta el poeta.

 “Nací bajo la conjunción de los planetas Mercurio y Saturno, en el signo de Piscis, que según los astrólogos, por influencia de esos dos astros, me dan un carácter taciturno, reflexivo, melancólico, díscolo y huraño a veces”.

Entre caminos y ríos

“A veces me quedo en silencio, recostado del muro de mi escasa memoria y vienen a mí aquellos veranos con sus resolanas y los inviernos largos que llenaban de charcos la comarca que me vio crecer, a caballo entre la dicha y la tristeza. Prácticamente crecí con mis nueves hermanos a la buena de Dios, en el desamparo, huérfanos de madre a los nueve años y con un padre que se empeñaba en ganarse la vida haciendo pan. Me acuerdo que teníamos una panadería frente a la Iglesia San Antonio, que luego se vino a menos. Mi padre salía en una bicicleta de reparto, obligado por las circunstancias, y vendía en bodegas y casas de familia los panes que hacíamos casi todos. Por eso a todos nos llamaban panaderos. Apenas cumplí los 16, me marché a Guarapiche, un pueblito del estado Sucre, donde comencé a leer precisamente las biografías de grandes hombres y mujeres que han cambiado el mundo. Por el influjo positivo de esas lecturas tal vez comencé a escribir, en un intento por encontrarme con las palabras y conmigo mismo. En esa tierra del Estado Sucre me dediqué a la lectura, a correr maratones y escribí tres novelas que luego quemé. ”

Breve semblanza de Néstor Rojas

Néstor Rojas se desempeñó como coordinador de Redacción del periódico “Mundo Oriental”. En 1993 ocupó la Dirección de Cultura de la Alcaldía del Municipio Simón Rodríguez de El Tigre. Fue director del Centro de Actividades Literarias CAL, coordinador de Formación y Promoción del Centro de Estudios Literarios de la Universidad Nacional Experimental de Guayana y Coordinador de las páginas culturales de los diarios El Expreso y La Tarde, en Ciudad Bolívar, además de director de dos fundaciones dedicadas a la formación literaria y la docencia: Fundapoesía y Fundaletra. Ha sido colaborador de diarios y revistas de su país y del exterior. Es autor de los libros de poesía: Transfiguraciones (Fondo Editorial Miguel Otero Silva, 1988) Sepia, (Fundación “Rómulo Gallegos, 1992; Diario de El Fulmar (Monte Ávila Editores, 1993); Ocre (FUNDARTE, 1994); Los Trabajos del tiempo (Fondo Editorial de la Secretaria Sectorial de Cultura del Estado Aragua, Maracay, 1996); Hexagramas del vértigo (Fondo Editorial Miguel Otero Silva del Ateneo de El Tigre, Estado Anzoátegui). Abur agora del Edén (Ediciones CAL, 1996, con ilustraciones de artistas plásticos irlandeses), Epigramas irónicos (Ediciones CAL, 1996, Archivo apócrifo por correo electrónico (2004), En trance de Mudanza (2008) y Antología Comentada del Orinoco (2009).

Cursó estudios de Literatura Contemporánea en la Universidad Autónoma de México (UNAM). Realizó estudios de Literatura Irlandesa en Irlanda, Dublin. (1993-1997). En París, participó en la Sorbona, en el Encuentro de Artistas Latinoamericanos y europeos, con destacados intelectuales venezolanos, franceses y mexicanos. Acompañó a la representación de Venezuela que participó en 1995 en el Festival de Biarritz, Francia.

Néstor Rojas es miembro de la Asociación de Escritores de Venezuela, directivo  de la Fundación Casa de la Poesía “Miguel Otero Silva”, Capítulo Oriente, director general  del Centro de Actividades Literarias (CAL, El Tigre) y directivo del Instituto Superior de Artes Visuales Armando Reverón, Fundación Poesía y Fundaletra, ubicadas en Ciudad Bolívar.

Sembró sus raíces a orillas del Orinoco

Sus datos bibliográficos no muestran el bagaje cultural ni el carácter de este poeta que vivió 18 años en Ciudad Bolívar, a orillas del río Orinoco, donde se desempeñó como profesor universitario y director de turismo de la Alcaldía del Municipio Sólo dan cuenta de su trabajo como creador y andanzas por el mundo, siempre en pos de una superación personal y el deseo de conocer tierras extrañas y lejanas. “Quiso el destino que la poesía llenara de reflejos mis tardes de soledad y silencio y mis noches de desvelo.  A trozos recuerdos aquellos tiempos de mi pasado en mi ciudad natal y doy gracias a Dios por haberme permitido nacer casi a orillas del Caris, adonde siempre iba caminando y un poco más allá del Orinoco, que luego me deslumbró por la refulgencia ocre de sus aguas”.

De ese deslumbramiento nació el libro “Antología comentada del Orinoco” (2009), donde el poeta ensaya sobre las imágenes del río, plantea una poética del río y recoge los textos que se han escrito sobre el tema del soberbio Orinoco. En Ciudad Bolívar vivió veinte años y vio crecer a sus tres hijas Sofía Salomón, Mara Luna Nazareth y Génesis de Jesús, ahora viviendo en Colombia. “Tuve el privilegio de ver todos los días el río Orinoco y caminar por las mismas calles por donde caminaron los fundadores de Angostura la vieja.”

Reconocimientos

La poesía de Néstor Rojas ha trascendido los lindes de nuestro país. Aparece ya en varias antologías latinoamericanas, incluyendo la del  reconocido crítico Julio Ortega. “Mis poemas han sido traducidos al inglés y al francés. Mi ensayo sobre Poesía Guayanesa ha sido incorporado por la Dra. Edith Dimo a los estudios del Departamento de Lenguas y Literatura de la Universidad de California”, nos comenta el escritor, quien ha viajado por Colombia, Centroamérica, México, Inglaterra, Francia, España e Irlanda. Actualmente reside en España.

Néstor Rojas nos comentó que cuando tenía quince años se dedicó a plasmar en las paredes de la casa de su abuela, Dominga Rojas, rostros y figuras de animales domésticos. “De alguna manera comenzaba mi vocación por la pintura figurativa que hoy desarrollo a la par con el ejercicio de poesía, la narrativa, el ensayo y la escritura de artículos periodísticos”. “A los 16 años comencé a escribir poemas bajo la influencia planetaria de Pablo Neruda, con sus 20 poemas de amor y una canción desesperada. Recuerdo que a veces le hacía llegar a las  muchachas versos recreados o parafraseados, que sin duda tenían todavía el tono confundido del gran poeta de América”.

“Ya pasé más la mitad de la vida”

“Ya pasé más la mitad de la vida, pero al mal tiempo pongo buena cara, como bien canta Serrat. En verdad, no me pesan los años que he vivido. Toco madera, porque los he disfrutado al máximo. La vida es la mejor escuela: me ha enseñado que todo es un aprendizaje. Hay que luchar diariamente, con optimismo para despojar a nuestra existencia de todo aquello que imposibilita su crecimiento espiritual. Vivimos para allanar los caminos a los que vienen atrás, que son nuestro futuro y nuestra esperanza de supervivir y sobrevivir

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El Tigre: entre el hambre, el desempleo y la desolación

Néstor Rojas

Los graves problemas económicos de Venezuela se sienten con fuerza a lo largo de los cuatro horizontes de El Tigre. La ciudad que otrora vivía del petróleo,  de su industria petrolera, que en su momento vivió una pujanza económica, alentada por los altos precios del barril petrolero y las actividades de las compañías asentadas en su suelo, hoy día se debate entre el hambre, el desempleo y la desolación. La onda destructiva de las nefastas políticas económicas implementadas equivocadamente por el régimen más despiadado e ineficiente que ha llegado al poder, también ha puesto contra la pared al estado Anzoátegui, y específicamente a El Tigre, a pesar de contar con un gobierno regional y municipal de oposición, cuyas acciones todavía no se ven por ningún lado. Es más: hasta parece que no existen.

La hambruna generada por la incapacidad de los gobiernos chavistas y ahora maduristas se ha expandido y con ella ha traído consecuencias también nefastas y lamentables. La situación catastrófica de la economía en Venezuela, con una tasa de inflación tan elevada y una especulación atroz, sumada a la escasez de alimentos y medicinas, no es diferente en El Tigre. Nuestra querida ciudad hoy arriba a sus 86 años con más penas que alegrías.

Los males que aquejan a todos los venezolanos se han esparcido por doquier en cualquier rincón del país. Han impactados de tal manera en la población tigrense, que ya su vida comercial y social, así como la actividad cultural han menguado. También ha enflaquecido la contextura de quienes jamás pensaron que el chavismo, que hace una década compartía la riqueza petrolera por todo el continente y más allá, llegando incluso a ofrecer gasolina subsidiada a Londres y a los pobres del noreste de Estados Unidos, terminaría convirtiendo en ruinas a todo el país. De aquella prosperidad sustentada en el petróleo, que tuvo impactos positivos en la manera de vivir de los venezolanos, sólo queda el recuerdo.

El Tigre también vive hoy, con muchas angustias, el desplome de una economía que, en otras épocas, gracias a la industria petrolera, fue la tabla de salvación de varios países.  La inflación desbocada y escasez de medicinas y productos básicos han hecho de toda Venezuela un país de hambrientos y mendigos. El Tigre no es la excepción.

Néstor Rojas