POR: PANCHO AGUILARTE TORRES

Escribir, golpear, escribir y golpear nuevamente, pero las letras se pierden sin lograr el objetivo. La gente no despierta, sigue con los ojos cerrados, fuertemente apretados tanto que hace daño las pupilas. Tal vez hay miedo de abrirlos, aquel miedo de cuando niños casi sin poder respirar no levantábamos la sábana por temor a ver al monstruo que perturbaba los sueños. Muchos cuentos de fantasmas y aparecidos antes alaban la hora de irse a la cama o al chinchorro según fuera el caso. Son los fantasmas de ahora, son los fantasmas de siempre. Esos que vinieron del más allá a robarnos nuestro país, a quitarnos la alegría y la tristeza de las navidades donde como entonara la orquesta más popular de Venezuela “Unos van alegres, otros van llorando”. Hoy unos y otros van llorando, ya no hay espacios, ya no hay motivos para andar alegre. Solo los fantasmas encarnados disfrutan de su propia alegría, aquella que viene no de la felicidad sino de la maldad y el horror. Pero puede alguien sentirse feliz sabiendo a conciencia que está haciendo daño? pues por mucho que cueste creerlo si, el sufrimiento, la penuria del otro lo hace sentir feliz, así como un vampiro logra el éxtasis extrayendo la sangre de su víctima a sabiendas que lo convertirá en un zombi. Ese es el plan; destruirnos, arruinarnos hasta convertirnos en seres inanimados, sin ningún deseo de ser feliz, indiferentes como en una trama de una obra de teatro, solo que ni es teatro ni es una obra. Es la pura realidad, esa realidad que avanza a paso de vencedores, que hoy exhibe su gris muerte ante la civilización del mundo. Ni aguinaldos ni villancicos, ni arbolitos ni ponche crema. Solo la bíblica esperanza de la llegada del niño Dios. Una llegada que piden a gritos todos los venezolanos, ya no solo el pobre en su choza sino los clase media y los que una vez fueron más altos en sus quintas y apartamentos. Pero no es una petición para recordar que hace dos mil dieciocho años nació un niño al que llamaron Jesús, es la más certera petición, es el aguinaldo más solicitado por los venezolanos: Que el hijo de Dios venga no ya como cordero, ya no para alimentar a los lobos, sino que venga como León de la tribu de Juda, que venga a castigar a los lobos. Que expulse a los fantasmas y espantos que atormentan a mi país y devuelva las alegres navidades, que devuelva la alegría y arroje al pozo eterno del fuego a los que desafiaron su ley, sus mandamientos y se creyeron poderosos, y aunque ese día solo él lo sabe ya podemos percibir las señales más intensas, más cercanas