MILAGROS MATA-GIL

Ella se monta a último momento. Lleva una falda larga estampada de grandes flores y una blusa azul oscuro. Cabellos canosos, en un moño ya deshecho. Lentes. El bus ya está lleno, pero mi vecino de asiento se lo cede. De inmediato comienza a contarme: toda la mañana ha estado recorriendo farmacias buscando inútilmente un medicamento. Le pregunto cuál y me muestra un papelito con un nombre indescifrable. -Es que tengo más de un mes con un calambre en la pierna. Mientras me dura el efecto de las medicinas que el doctor me mandó, estoy bien, pero si no, me tumba el dolor. Una señora me recomendó esto y si no lo consigo me iré al hospital pues no aguanto más. Le digo que pregunte en “La Confianza”‘ y me dice: -Para allá voy.
Me dice que le dijeron que eso es de operación y ella no quiere operarse. Ni puedo. Nos quedamos en la misma parada y ella se va a la farmacia y yo a comprar vegetales. Más tarde, la reencuentro en 
Farmacia Hospifarma ¿No encontró el medicamento? Sí, pero a 1.200, que son como 120 millones de los viejos. Y no tengo. Las dependientes escuchan sus penas. Es mediodía. No hay otros clientes -¿Cuántos billetes de 50 son 1.200? Pregunta la señora – Muchos, dice una dependiente.