LUISA GUERRA*

La Navidad es tiempo para niños que los adultos tomamos prestado, porque en nosotros sigue viviendo el niño que un día fuimos. Es por ello que mi apreciado amigo Sandy Rafael Tucci les dedicó a ellos su libro Cuentos de Navidad. Las tres lecturas que lo integran atrapan la atención porque las acciones que allí se desarrollan son hilvanadas de manera muy fina y atractiva, además que nos rememoran la infancia que vivimos, sobre todo cuando los padres se sinceraban con sus hijos al verse obligados a decirles que la magia de la Navidad estaba en nuestro espíritu y no en las cosas materiales que Niño Jesús traería.

Cuando leemos cada cuento, nos vamos identificando con los personajes porque se parecen mucho a la vida misma donde la realidad golpea y les hace buscar en su ser la forma de cumplir los sueños, allí se presentan los hechos en planos temporales superpuestos, debido a la mezcla sutil entre el estar despierto con el estar dormido para así, dar rienda suelta a lo anhelado. Todos tenemos deseos por cumplir y luchamos para alcanzarlos por muy difíciles que parezcan. En la infancia es mucho más fácil fantasear porque la mente es ágil y no tiene prejuicios. Por ello, los protagonistas de estos cuentos se afanan por lo que quieren y, de alguna manera, van alcanzando lo deseado, además de demostrar madurez cuando se ven entorpecidos en sus propósitos muy a pesar de la edad que tienen.

Son bellas historias entre realidad y fantasía, que nos relatan sucesos que de alguna manera hemos vivido en esa época, el autor presenta descripciones del ambiente tal cual se conocen, sobre todo en el cuento de Annunzio porque es el ambiente antiguo de El Tigre, con sus calles tortuosas, en especial cuando nos habla de la calle Bolívar, que era el centro comercial del momento, que en tiempos de Navidad se veía colmada de gente en la búsqueda de mercancía de todo tipo para el estreno, para la comida, regalos del Niño Jesús, san Nicolás o Papá Noel, todo ello para compartir y sentirse en ambientes familiares acogedores, cuando los protagonistas eran tanto las personas como los juguetes, las fiestas, los regalos, así como la tristeza de los que tenían carencias elementales y sus navidades no eran muy alegres, así como dice una canción popularísima: “…Navidad que vuelve, /tradición del año, /unos van alegres,/ otros van llorando…”.

Como conocedora de ese ambiente que el autor allí presenta, me remonto a esa época de la niñez que viví con carencias, pero con muchas ilusiones que hacían de los pequeños logros, momentos que recuerdo con afecto. También están las frustraciones cuando el Niño Jesús pasaba lejos de nuestro hogar y mis padres no nos daban mayores explicaciones del porqué. Había muchas distracciones simples en esas navidades, que esperábamos con mucha ilusión, entre las cuales estaban los juegos, las hallacas, las visitas familiares, las misas de aguinaldo, las luces de colores, los arbolitos, los nacimientos, los estrenos que nos llenaban el espíritu, la vida, toda una gama de tradiciones anheladas que luego recordamos con un dejo de nostalgia; todo era sano, tranquilo, sin sobresaltos. Fueron navidades que hoy evoco con amor, con alegría, porque allí están mis seres amados que partieron, pero que viven en mis sentimientos y en mis pensamientos, los recuerdo y los traigo a la actualidad con sus distintas anécdotas, las cuales disfruto enormemente.

Annunzio nos da una lección de vida porque él luchó en silencio durante toda la jornada contra muchas trabas para arreglar sus zapatos; no se atrevió a decirles a sus padres acerca de su objetivo porque imaginaba que no lo entenderían; sin embargo, demostró madurez y solidaridad cuando comprendió que su padre y su hermano también tenían sus zapatos rotos por lo que no se atrevió a lastimarlos al presentarse con los suyos impecables. En realidad, hay mucha tenacidad, amor y búsqueda de solución en Annunzio por lograr lo que quiere. Me atrevería a decir, sin temor a equivocarme, que es un reflejo de su autor. Podemos extrapolar esta historia a la vida misma, porque nuestros jóvenes también resuelven sus conflictos de diferentes formas, mientras que los adultos nos alejamos de ellos con nuestra incomprensión, en lugar de indagar para apoyarlos en sus necesidades y adentrarnos en ese mundo maravilloso que es la adolescencia, porque todos la hemos vivido y sabemos cuán difícil es.

Los otros dos cuentos narran historias de niñas con necesidades primarias insatisfechas, que plasman situaciones propias de esas edades y que el autor las trata con fina pluma para adentrarnos en sus sueños y anhelos donde ellas van resolviendo sus conflictos de manera sencilla, mostrándose con sus temperamentos naturales, es decir, demuestran malcriadez, niñerías, pero con valores arraigados, inteligentes, soñadoras, muy dadas a alcanzar sus deseos con ahínco. Ambas historias cuentan cómo los humanos vivimos carentes de comprensión y de afectos.

La primera es una niña provinciana, inocente, soñadora, con mucho apego por su abuela materna fallecida, a quien siempre esperaba. Esto ocurría por dos razones: primero, no le hablaron con la verdad y ella creía que aún vivía; segundo, sus padres le dedicaban muy poco tiempo, solo cubrían sus necesidades materiales, mientras que las afectivas quedaba relegadas, por lo que la niña llenaba sus espacios con los recuerdos de su amada abuelita.

Transcurre la historia entre sueños de la niña con su abuela hasta enfermar con peligro de muerte, porque el autor va más allá de lo terrenal; él se adentra en el plano donde pensamos que están los seres que han partido, donde creemos que no se sufre, allá donde pensamos que ellos nos esperan para vivir con nosotros. Toda esa fantasía nos envuelve de forma mágica y estremecedora, a la vez que nos hace reflexionar porque así vivimos, ocupados, dejando los sentimientos para luego, porque siempre hay cosas que hacer. En fin, es un viaje espléndido que nos lleva en aventuras infantiles sencillas, plenas de luchas, que conducen a un propósito definido y que dan vida a un personaje que no se deja vencer por los obstáculos por más difíciles que parezcan.

La tercera historia es la de otra niña soñadora, de una barriada caraqueña, que tiene muchas carencias, amada por su madre y abuela, que espera al Niño Jesús con un osito de peluche que ella le ha pedido en una carta dirigida a Él, pero al despertar, ¡oh, sorpresa!, no hay osito, como su madre se lo había dicho. —El Niño Jesús no va a todas las casas, así los niños se porten bien—. Ella, en su inocencia no lo comprendía, por ello hubo que explicarle la realidad que envuelve la visita del amado y deseado Niño.

Esa conversación, aunque dolorosa, le hizo entender muchas cosas para su bien. Para ello, Tucci nos lleva a una situación triste vivida por la familia el año anterior sin soltar prenda del momento en que la cuenta, va hilvanando con hilos muy finos la trama para luego desencadenar hechos felices en la existencia de los personajes hasta alcanzar la promesa de una vida plena, con el advenimiento al hogar del único regalo que la protagonista le pidió al Niño Jesús y éste ahora sí se lo concedió.

El libro Cuentos de Navidad reúne estas tres historias que fueron publicadas en la prensa venezolana en diversas ocasiones, pero inicialmente fue así: Carta para una abuela, en el diario Antorcha, en 1975; La ilusión de la Navidad, diario Antorcha, en 1980, y Annunzio, en el diario El Universal, en 1996. Luego el autor recogió las tres historias y con ellas formó el libro que salió a la luz, por primera vez, en Caracas en 1998, de lo cual han transcurrido veinte años. Desde entonces, lleva tres ediciones, la última de las cuales, en Madrid, España, en 2009. En el año 2005, el libro fue declarado Patrimonio Cultural del Municipio Simón Rodríguez, lo que significa un gran reconocimiento para el autor.

Son historias preciosas, plenas de vida, de amor, de lucha, que vale la pena disfrutar y compartir con nuestra familia. Demos amor a los nuestros para que reine siempre la armonía.

No queda más que felicitar a nuestro dilecto autor, quien orgullosamente nos ha dejado esta obra fantástica que nos permite conocer un poco de los sentimientos y alegría que se tienen frente a un hecho tan importante como lo es la Navidad, especialmente en los niños, quienes esperan ilusionados que lo más bello ocurra en esos días. Luchemos por ellos para que sus navidades sean plenas de dicha y prosperidad. ¡Enhorabuena, amigo!, en el vigésimo aniversario de tu amada y preciosa obra Cuentos de Navidad. Que Dios te siga iluminando, que premie tus esfuerzos y cumpla tus sueños.

*Luisa Guerra es licenciada en educación, con maestría en lenguaje y comunicación y en educación, mención planificación. Investigadora, miembro de Cijumaca.

Vinculo relacionado: http://noticiasdelsuranzoategui.blogspot.com/2010/12/cuentos-de-navidad-de-sandy-tucci-han.html