JOSÉ TOMÁS PÉREZ RODRÍGUEZ

La industria petrolera es la segunda en el escalafón de las más peligrosas del mundo por la infinidad de riesgos generados por las grandes cantidades de energía que se maneja en cada una de las etapas del proceso de explotación y una de las más ruidosas. Los últimos balancines activados con motores a gas estuvieron en el campo petrolero Oritupano, estado Monagas. Éstos hacían un ruido que se oía a más de 5 kilómetros a la redonda, superaban los 110 decibeles de presión sonora. Las plantas compresoras de gas y las estaciones de tratamiento y bombeo de crudos se detectaban a la distancia por el ruido que hacían los motores y bombas. En los trabajos de exploración se utiliza explosivos para emitir la onda sonora que atravesará el sub-suelo y podemos imaginar su estruendo. En los trabajos de perforación, reparación y reacondicionamiento de pozos el ruido de las bombas de fluidos y del sistema de potencia de los taladros superan los 95 decibeles. El rugir de los motores de los vehículos de transporte, de carga y otros servicios, inundan las carreteras que llegan a las instalaciones petroleras. Así mismo, en los procesos de refinación y otras etapas de explotación de petróleo se percibe el ruidoso trajinar las 24 horas del día. El ruido hace daño a la salud física y mental. Es inevitable tenerlo en las diarias operaciones y por ello el trabajador petrolero debe protegerse muy bien para evitar ser afectado. ¡Producir petróleo hace mucha bulla!
En el transcurrir del año 2018 visitamos algunos campos petroleros aledaños a las Ciudades de El Tigre y San José de Guanipa. En esos días de solaz pudimos sentir la nostalgia del trabajo petrolero que desempeñamos con tenaz interés y amor, nos trasladamos en el tiempo y extrañamos los días de eficiente y eficaz producción de petróleo cuando llegamos a 3.400.000 barriles diarios de crudo y estábamos calificados como la segunda mejor empresa petrolera del mundo. Los sentimientos se mezclaban entre el orgullo y la tristeza de un pasado productivo del cual fuimos partícipes y hoy está truncado.
Las encontradas emociones llegaron a su clímax cuando pasamos por la planta compresora de gas del campo petrolero “Oveja”, ubicada a unos 15 kilómetros de El Tigre. El orgullo se transformó en decepción, la alegría en tristeza y los recuerdos de un pasado ideal se trastocó en ira, por la desidia e ineptitud de quienes dirigen hoy a la industria petrolera. La planta de Oveja hizo historia al comprimir unos 30 millones de pies cúbicos diarios, una parte se enviaba a la planta criogénica de San Joaquín y otra parte se utilizada en proyectos de recuperación secundaria por inyección de gas. Hoy nos abruma la tristeza y el coraje al verla desmantelada, frígida e inerte mostrando su cadáver violado.
En cualquier campo petrolero el tráfico de diferentes tipos de vehículos es nutrido, en cada ciclo de guardia transitaban al menos 7 empleados de PDVSA en sus respectivas unidades (pick-up): 8 cuadrillas de reparaciones de superficie cada una en un camión 350; diferentes vehículos de carga propias y contratadas, tales como camiones de vacío, camiones cisternas, vehículos de transporte de personal de taladro y otros servicios. Era un maremagno de actividad, con mucho ruido, con mucho tráfico; con trabajo arduo, responsable, concienzudo, eficiente y apasionado de Ingenieros, Supervisores, Capataces, Sobrestantes y Obreros, quienes daban todo su esfuerzo y energía para producir la cantidad de crudo asignada, diariamente.
Hoy día da lástima en el estado de deterioro en la cual se encuentra nuestra industria petrolera: Las plantas compresoras de gas están desmanteladas en su mayoría. A gran cantidad de pozos les han desconectado las instalaciones de superficie, la mayoría de las estaciones de producción están inactivas porque los pozos que fluyen a ellas están inactivos, en su mayoría. Pudimos ver muchas fincas con tuberías arrumadas en los patios. No podemos juzgar si fueron tomadas arbitrariamente, donadas o compradas a PDVSA.
En esos paseos por el campo donde otrora estuvimos produciendo petróleo, hoy vemos con mucha tristeza la inactividad casi total de la industria petrolera. De los 3.400.000 B/D de crudo que producíamos, hoy día estamos en el límite de 1.000.000 de B/D de petróleo. PDVSA fue mermando su capacidad productiva desde el año 2003 hasta llegar a esta debacle donde nos encontramos.

¡¡Oímos con tristeza “El Silencio del Petróleo”!!

Quiero decirle a nuestro Pueblo de Venezuela que hoy tenemos esperanza y seguiremos nuestra lucha hasta lograr la libertad para hacer de nuestro País uno de los más productivos del mundo. El petróleo es nuestra principal industria y lograremos levantarla porque hay jóvenes con talento, inteligencia, bien preparados por nuestras Universidades y muchos de ellos están actualmente trabajando en PDVSA y contamos con ellos; muchos emigraron a otros Países y si desean regresar les esperamos; muchos estamos en otras actividades y estamos dispuestos a incorporarnos a la cruzada por el petróleo.
La improvisación es la madre del fracaso y hermana de la ineficiencia. La Gente del Petróleo estamos preparadas para ayudar en la recuperación de nuestra producción petrolera sin improvisaciones, hemos estado trabajando en planes con miras a reactivar plenamente a nuestra industria para producir con proyectos económicamente rentables. Continuamos estudiando para mantenernos actualizados en los avances tecnológicos para producir petróleo con bajos costos de producción y altas tasas de retorno. Hemos preparado planes para proponerlo a las autoridades que asigne el Presidente de la transición y preparamos proyectos específicos en campos e instalaciones para dar los frutos que esperamos. Todo depende del desenlace que tenga esta dura lucha que hemos mantenido durante 20 largos años.

¡¡Volverá el bullicio del Trabajador petrolero y sus máquinas!!

¡¡Pronto volveremos a ser libres!!

José Tomás Pérez Rodríguez
30-01-2019. Desde la pertinaz lucha.