Milagros Mata Gil

Llegan los cinco en una camioneta verde. Rostros atezados por el sol. Negro, uno. Los otros, aindiados. Los reciben complacientes las mujeres de la casa. Los conocen de las minas, ese lugar que ellas medio idealizan porque hay comida en abundancia y adonde acuden a trabajar. -¿Y eso?, preguntan curiosas mientras les sirven Fructus frío -¿Dónde están los uniformes? –Es que vamos pa´ La Línea, sólo pasamos a recoger algo y despedirnos de la familia. Por un tiempo. Nos vamos a Boa Vista hasta ver en qué termina este asunto. Ese coñoemadre no es familia mía pa´haceme matar por él.