CARLOS SAN DIEGO / FOTOS: ANTONIO HERNÁNDEZ

Las culturas se entrecruzan, se mezclan. Algunas veces dan buenos resultados. En otros casos no surten el mismo efecto o tardan para dar un producto. Eso da consecuencia al sincretismo cultural, al enlazamiento de manifestaciones.

Un evento con estas características se efectuó el sábado 5 de enero de 2019 en el parque natural Farallones de Chimire, ubicado en el municipio Pedro María Freites, del estado Anzoátegui, tierra tenida como natural del pueblo indígena kari´ña que habita en esa localidad y donde sus ancestros anclaron su antigua cultura y sus huesos han sido cubiertos por la arena gris y la arcilla roja entre alcornoques, mantecos y paja peluda, cerca de los morichales y sobre los cerros, donde los tonos del antiguo bereekushi ahora se confunden con el pitío del gavilán cola blanca; tierra que también ha sido agredida, explotada y devastada, en parte, por las operaciones de la explotación acometida por la industria petrolera, primeramente llevada a cabo por empresas extranjeras y luego por la estatal Petróleos de Venezuela, sin detenerse ante reglamentación ambiental alguna.
El evento, promovido por Alternativa para el Desarrollo del Arte Latinoamericano (Adal) consistió en unir simbólicamente manifestaciones culturales diversas, a través de un breve “ritual” del corte de la barba de San Nicolás. Como se sabe, San Nicolás, Santa Claus, papá Noel, es un personaje legendario que según la cultura occidental trae regalos a los niños en Navidad. Se cuenta que fue sincretizado con la figura del obispo cristiano de origen griego llamado Nicolás. Vivió en el siglo IV en los valles de Licia (hoy Turquía). Sus reliquias se conservan en la basílica de San Nicolás de Bari, en Italia.
Desde hace 17 años, en la zona sur del estado Anzoátegui, el carismático tigrense con raíces margariteñas, Alfredo Orta, ha representado en la temporada decembrina el personaje de San Nicolás, con el que cumple una amplia programación en diferentes eventos. Anteriormente, este Santa criollo se trasladaba hasta el estado Nueva Esparta para cortarse la barba después de culminadas las navidades. Este año cambió de ruta y fue planificada una especie de “ritual” en Chimire para rasurarle su larga barba blanca y podarle su escasa melena. Al mismo, tiempo, dejó depositada al pie de uno de los barrancos una mochila roja, cual despojo revolucionario (jojojo) que contenía todas las barbas y pelo de los años anteriores.

Pero Santa no estuvo solo. Él mismo no se cortó su barba. Fue atendido por la denominada ancestral princesa kari´ña It Che Me, de la que muchos ancianos del pueblo originario de la Mesa de Guanipa no conocen historia; y algunos llegan a pensar que es el resultado de un mito creado por los primeros explorados petroleros norteamericanos llegados a estas tierras.

En esta oportunidad, para afeitar a Santa, It Che Me, fue caracterizada por la joven estilista Vanessa Millán, quien con un traje típico, tijera y hojillas en mano, hizo los cortes necesarios para que San Nicolás volviera a ser Alfredo Orta.

Durante la visita al parque natural Farallones de Chimire se contó con la presencia de varios cultores y personas ligadas a la actividad de promoción cultural en la zona sur del estado Anzoátegui. El actor Noel LLovera tuvo a bien declamar varios poemas, algunos alusivos a la magia de Chimire, escritos por Carlos San Diego; Joel Paduany interpretó varias canciones, entre ellas una dedicada a la Mesa de Guanipa, “Guayabita” de su autoría; mientras que el cantautor llanero Chuíto Maita puso la copla en medio del majestuoso paisaje natural.

También disfrutaron de esta aventura el fotógrafo Antonio Hernández, la actriz Endra Guacare, la coordinadora de Cultura del municipio Simón Rodríguez Jeanemir César, la bailarina Graciela Rojas, la escritora y presidenta de la Fundación Rayito de Luz Nora Alvarado, Adriana Bracamont y su hijo Christian Gabriel; el también fotógrafo Jorge Carrillo y quien facilitó el transporte, Eduardo Beria, que fue de gran apoyo para hacer realidad este “ritual” de sincretismo cultural en uno de los lugares emblemáticos de la geografía de la Mesa de Guanipa.

Finalmente, los presentes disfrutaron, entre cantos y poemas, sobre la contaminada arena blanca del río Güico, víctima de los derrame de crudo petrolero, de una paila de arroz a la marinera preparada por Alfredo Orta, especial para lo ocasión y los suspiros de Christian Gabriel, amén de las patillas y las viandas particulares de cada uno de los “aventureros”. Posterior a la comida, fue encendida una fogata en las que, para cristalizar las bendiciones del día, Orta arrojó incienso donado por el fraile Joel Castro de la parroquia San Antonio de la ciudad de El Tigre, que junto a semillas de mastranto recolectadas en los caminos internos de Chimire, elevaron su humo al espacio cósmico como un gesto que atrae la purificación.

Así se le puso sello de éxito a la jornada de recreación cultural, relax espiritual y esparcimiento en contacto con la naturaleza.