Carlos San Diego

Autor: Antonio José Pérez Luna

(En la década de 1900, el reconocido profesor José Antonio Pérez Luna, ya fallecido, realizó una serie de conversaciones con personas de larga residencia en El Tigre. Estas conversaciones las publicó bajo el nombre de “Tertulias” en el diario “Antorcha”, trabajo que luego le valió su designación como cronista del municipio Simón Rodríguez, designación que ostentó hasta el día de su muerte. Su hija, Diana Pérez, de manera voluntaria, facilitó los recortes de prensa de estas publicaciones con el fin de refrescar un poco los aportes a la historia de esta joven ciudad de El Tigre, ahora en la era de las ediciones digitales. En su momento, cada “Tertulia” salió con la ilustración de una caricatura del rostro del entrevistado, realizada por el artista plástico Saúl Alcalá. Desde hoy, entregaremos cada semana, una de estas conversaciones, acompañada, por supuesto, de la caricatura correspondiente, las cuales fueron reproducidas por el fotógrafo Antonio Hernández).

Nació el primero de mayo de 1906, en Guanape, estado Anzoátegui bajo la administración política del General Cipriano Castro, famoso caudillo que encabezó en 1899 la llamada “revolución restauradora”, que marcó el ascenso de los andinos al poder.

Bajo la protección divina de Dios, Rafael Tobías Armas Álvarez, recientemente ha cumplido la hermosa edad de 84 años.

Nació en Guanape, pintoresca población de Anzoátegui, que conjuntamente con las localidades de: Carvajal, Clarines y Sabana de Uchire, conforman el actual municipio autónomo  Bruzual, cuya posición  geo-estratégica, dentro de la geografía regional del estado, hace de esta zona una de las regiones  de mayores perspectivas, dentro del desarrollo turístico nacional.

Hijo de Calixto Álvarez Aguilar y de María del Socorro Armas Domínguez, de cuya unión matrimonial formaron una familia compuesta por 7 hijos: Rafael Tobías, Manuel Felipe, Calixto Vicente, María Auxiliadora, Diógenes, Israel Elías y Aura Rafaela.  

“Para aquella época la educación de los muchachos era difícil, no había gados; aquellos fueron años muy duros y uno desde muy temprano, tenía que meterse al campo junto a los padres a buscar los medios de vida; por eso, nuestra educación se resumía sencillamente al aprendizaje de la lectura y escritura, a estudiar algunas nociones de gramática y a sacar cuentas, es decir, lo elemental de la aritmética: números, suma, resta, multiplicación, división, regla de tres simple y compuesta; pero los maestros eran exigentes, a mí me enseñó el bachiller Diego Sanzón Jiménez Salazar”.

Más tarde se coloca al frente de un taller  artesano, donde se fabricaba alpargatas propiedad de sus padres y aún cuando esto pareciera el temprano inicio a las actividades, Tobías, desvía el rumbo de aquel oficio y se hace barbero, profesión que marca su inicio  en el trabajo con mayor responsabilidad, y la cual va a desempeñar por muchos años.

Con apenas 14 años de edad, comienza actividad musical en oportunidad de conocer a un famoso violinista colombiano nativo de Pamplona, Rodolfo Mogollón Álvarez, quien dirigía una compañía de canto (zarzuelas, óperas, operetas, etc.) y quien se encontraba en gira artística por Venezuela; este personaje, determinante en la inclinación musical de Tobías Álvarez, llegó a ser primer violinista concertino de Pamplona. Se establece en Guanape y funda en esta localidad una escuela de música y acto seguido, Tobías se inscribe en ella e inicia sus estudios, permaneciendo cinco años bajo la dirección del maestro Mogollón, aquí se hace violinista y lleno de inquietudes por conocer a fondo los secretos del violín y amante de la música difícil, son sus palabras, Tobías se marcha a la ciudad de Maturín, donde continúa sus estudios; allá permanece dos años, tenía para entonces 21 años de edad. Corría el año de 1927, víspera del gran acontecimiento revolucionario que encabezaba la generación del 28, aquella célebre revuelta popular contra la dictadura de Juan Vicente Gómez.

Concluidos sus estudios musicales, se dedica por espacio de siete años a su profesión inicial de barbero en la capital de Monagas, alternando este oficio con el de músico en un grupo musical llamado “Compañía de los hermanos Reyes”, con la cual rompe relaciones posteriormente.  

En 1932, se produce su primer arribo a El Tigre, cuando contratado por Don Miguel Malavé, fundador de una especie de cabaret, el único existente, viene para tocar en un baile; en esta ocasión se hace acompañar por un grupo musical residente en Ciudad Bolívar, conformado por un bandolín, un cuatro, un violín y un bombardín. Su estadía fue por pocos días, pero éstos fueron suficientes  como para conocer de cerca a Guanipa en plena desnudez y a El Tigre en el proceso embrionario de su formación, al respecto dice:

“Un gran campamento de lona se levantaba, allí donde se produjo el reventón, y en él, todo un enredo de equipos y materiales; otro campamento similar, se levantaba en el terreno que hoy ocupa el club de Leones. Todo era en inglés, salvo las frases bonachonas del pueblo venezolano representado en un reducido número de margariteños trabajadores de la compañía, no había mucho que ver, salvo la extensa sabana de Guanipa y el desfile de los grupos indígenas que regresaban casi siempre  con el atardecer, después de recorrer toda la ribera del río y los bosques cercanos. Muy pocas chozas y alguna construcción sin planificación”.

Regresa nuevamente a Maturín y en esta ciudad permanece hasta 1934, cuando se traslada a Caracas, regresando nuevamente y fijando residencia en Ciudad Bolívar; en ambas ciudades pule con esmero sus conocimientos sobre el manejo del violín.

En 1940, se establece definitivamente en El Tigre, dedicándose a sus oficios habituales de barbero y músico; en esta ciudad contrae matrimonio con Haydée Concepción Zamora, unión de la que nacieron  diez hijos; Miguel, Aura, Argelia, Luis Rafael, Sonia, Rafael Tobías, Jacobo de Jesús, Ada, Arturo, Violeta de Jesús y Arsenio, de ellos, tres son profesionales, un abogado, un técnico superior y un médico.

“Me considero fundador de El Tigre, porque a pesar de haber venido, primero en 1932 y haberme ido, para regresar nuevamente en 1940; de todas maneras son 50 años de permanencia en esta ciudad que yo he visto crecer. Porque le he dado 50 años de mi vida, mi música es también parte del acervo cultural e histórico de esta región”.

Hacedor de cultura popular , sólo con su esfuerzo y su violín, pocas veces ha recibido ayuda alguna, con miras a desarrollar cualquier proyecto, no obstante numerosos han sido los jóvenes que han recibido de Don Tobías Álvarez, la orientación pedagógica del aprendizaje musical, y hoy ocupan a nivel nacional, lugar de renombre en las actividades musicales, uno de estos valores de la nueva generación es la joven Liliana Mazarri, que después de concluir sus estudios  superiores  en la escuela de música Juan Manuel Olivares  en la ciudad de Caracas, viajará muy pronto a Londres a continuar estudios de música y canto; otros alumnos, hoy se ubican en diferentes profesiones, pero que siempre tendrán en las notas sonoras de un violín, de un cuatro, de una guitarra o un bandolín la enseñanza y el recuerdo de Tobías Álvarez.

Numerosas son las composiciones que constituyen el patrimonio musical de Tobías: Los Mereyes (pasodoble), Mercedes (pasodoble), Inspiración (vals), El Bolivariano (vals), Aleida (merengue) y El Collar (merengue). Su dilatada trayectoria, se proyecta a otras entidades federales, donde su música amenizó bailes de gala en salones de altura; Boconó, Barinas, Altagracia de Orituco, Ciudad Bolívar, Tumeremo, Barcelona, Clarines, Cumaná, Caracas, Valle de La Pascua, Tucupido; para nombrar algunas de las ciudades que se han deleitado con el arte sublime, la inspiración y la emoción  de este auténtico valor anzoatiguense, que al hablar de su vida expresa:

“Yo soy un amante natural de la música, ella es parte integral de mi personalidad, de mi formación y de mi educación, a ella he dedicado una Parte muy importante de mi vida, ella me mantiene, porque me llena de satisfacción espiritual… ella es el mejor mensaje de paz para las personas (…) ¡claro! ¡la buena música!”.

Sentado con el fino estilo del ciudadano de comienzos de siglo, sobre la acogedora poltrona, y saboreando un aromático café, fija su mirada sobre el tiempo y en soledad de su memoria, cual máquina repetidora, abre el paréntesis de la reflexión:

“Ahora a muy pocos interesa  esta cuestión, ahora la música no se entiende, es otra”.

Vuelve a guardar silencio, que interrumpe en breves pausas, cuando silba o tararea algún valse que le atropella la memoria, es como un esfuerzo por recordar pero al final vuelve a enmudecer, fijos sus ojos en aquel ayer de añoranzas.

“…En las ventanas grupos de mujeres reían y se agitaban locamente. Ardía la sangre en todas las venas, chispeaba el sol en el metal de los arneses; gritaba el color en todas partes, y entre el clamor de una embriaguez dionisíaca, gemía el joropo nativo o vibraba el pasodoble español”.

Era como si de pronto se ubicara en medio de aquella imagen de la Venezuela de entonces, pintada en Reinaldo Solar, imágenes vividas  en más de una oportunidad en aquellas pintorescas fiestas patronales, donde las magias de las notas musicales de su violín y la galante ejecución del arco, pulso a pulso las pisadas maestras sobre las cuatro cuerdas templadas de quinta, protagonizaron  hermosas noches de bohemia…

Por su trayectoria como músico de excelente gusto, que ha dado a nuestro patrimonio artístico y cultural un invalorable aporte y por su condición  de ciudadano ejemplar, que a lo largo de su vida siempre puso por delante, Don Tobías, exhibe orgulloso el reconocimiento de todo un pueblo, que seguirá viendo en él un monumento a la dignidad, a la constancia y a una enseñanza ejemplar; pureza, amor, afecto y sensibilidad de un ilustre ciudadano que recoge con maestría Ernesto Luis Rodríguez, en su poema

ARRIERO

… amo estos hondos parajes

y mi destino de arriero

porque conozco la dicha

de caminar con el sueño

y con el pan de la copla

que es el mejor bastimento.

Se de memoria los sitios

que dan aroma al recuerdo:

el fondo de las posadas

donde florece el afecto (…)

… así por estos caminos

ya estoy poniéndome viejo,

sin que me duela el corrío

ni se me apague el acento (…)

 

… otros con otras palabras,

nadie les quita el derecho;

déjenme a mí con las mías

y con mi vida en su puesto.

Es ésta mi voz, amigos,

y es éste mi pensamiento,

y no anda solo quien anda

con el cantar de su pueblo.

 

El Tigre, 10 de junio de 1990.