• El, pasado lunes 17 de diciembre se cumplieron quince años del fatídico accidente que acabó con la vida y las expectativas de Rafael Morales, “El Caballero del Arpa”, en plena juventud, en los momentos en que se perdía de vista en su capacidad interpretativa, en los días de la madurez musical, cuando comenzaba a adentrarse en cuanta trocha condujera a la alborada de una parranda, eran sus mejores momentos, en él se afianzaban la reciedumbre del duaqueño y la del hombre fraterno cultivado en estos pueblos donde las mujeres andan despidiendo un olor a esperanza.

JUAN MANUEL MUÑOZ (MORICHE) / CRONICAS Y VOCES DE GUANIPA –

TODAVIA OIGO EL BORDONEO DEL ARPA, intacto conservo los recuerdos de la magia que surgía del talento, de las manos, los dedos y las uñas de Rafael Morales, bautizado en acertado momento como “El Caballero del Arpa”, de su instrumento brotaban chispas de su inteligencia natural, de su creatividad, de su dedicación a la ejecución del instrumento. Él era, él y su arpa, él era la prolongación de su “camoruca” y viceversa, así eran, se entendían, había una relación amor-lujuria y de entrega perfecta entre ellos, él era un aluvión de notas entre las treinta y dos cuerdas y el espacio donde se hallaran; cada cuerda simbolizaba un encuentro, una parranda, un enamoramiento, un pedazo de vida, un amor, un guayabo, una alegría. Rafael y su arpa eran los amantes perfectos, alguno diría una vez que esa simbiosis los llevó a separarse el fatídico día que la parca lo arrancara del arar de la tierra, y digo yo que para nada, porque él sigue estando entre nosotros, en el recuerdo de Nilda, de Olitzy, de Raynil, Ralgellys, Niritzy, Dianiris Vanessa, en el llanto de sus hermanos y demás familiares, y en el lado hermoso que tiene la amistad.

EL CABALLERO DEL ARPA LLEGO a la Mesa de Guanipa por allá, por mil novecientos setentisiete, una mañana de esas en las que la sabana se contempla menudita, con una suave brisa levantando pequeños terrones para luego lanzárselos a los Chaparros y a los Mantecos, como intima declaración de amor, entre el frío que despierta a los conejos y a las perdices, y a las maraqueras y al aguaitacaminos, y la densa neblina que transforma a la sabana en un gran espectáculo matinal. Rafael Morales, El Caballero del Arpa se insertó en el corazón de músicos y arrieros, de cantantes y de amigos en un santiamén, y no podía ocurrir de otra manera, Rafael era un hombre de bien, aunque en esa época rondaba los diecisiete años de edad y aunque era lo que pudiese llamarse un muchacho, era responsable y en cada uno de sus actos había profesionalismo, era intuitivo y se ganaba el respeto de sus pares a punta de brega, de estudio, dedicación y audacia.

RAFAEL ERA UN CONSTRUCTOR DE AMISTADES, nada más llegar a El Tigrito o a El Tigre, que para los efectos de esta crónica es igual, se involucró en el ambiente musical. Él había venido acompañando a la cantante Rayito de Luna, quien lo trajo de la ciudad musical de Venezuela, Barquisimeto, como su arpista para un evento en uno de los tantos locales donde Don Antonio Paradiso promovía la música venezolana. Transcurrían otros tiempos y ya comenzaba a conocerse la proverbial inteligencia de Reynaldo Armas, y El Tigre era tronar de arpa por norte, sur, este y oeste. Había un movimiento local de músicos que destacaban en sus respectivas áreas de trabajo, era la época de oro de la llaneridad y en la música venezolana brillaban El Indio Tiuna y su conjunto, Bernardo Ledezma (El Lapo), Ramón Urpín promovía y animaba eventos, y muchos otros grupos que encendían los fines de semana de El Tigre, entre arpa, cuatro, maracas y bajo. En ese ambiente, en esa época Rafael Morales llega a El Tigre para quedarse para siempre y para conocer el amor.

RAFAEL LLEGO A LA MESA DE GUANIPA y se ganó el afecto de mucha gente, se hizo amigo de Chico Toño Espinoza, de Aníbal Delgado, del Indio Tiuna, Moriche, Manuel Cedeño, Belkys Gamboa, Germán Darío Dona Rodríguez, El Lapo, Amado Rodríguez, y con ellos y el apoyo de ellos constituyó varias agrupaciones de música criolla, pudiéndose destacar Dimensión Venezolana, con Aníbal Delgado y la obra cumbre que compartió con nosotros, con Moriche, con Amado y Chico Toño, el conjunto criollo Alma de Venezuela, de estupenda conformación con músicos de la talla de Ángel Márquez (El Sute), Germán Mendoza, Manuel Flores (El Catire), Pedrito Araya y muchos más que le acompañamos en el largo periplo de su vida bohemia, musical y de transparencia profesional y ética. Con el conjunto Alma de Venezuela acompañamos a los más “encarapichados” artistas de la canta criolla, allí vimos a Reynaldo Armas, José Alí Nieves, Cristóbal Jiménez, Sexagésimo, Montoya, Armando Martínez, Cheo Hernández Prisco, Luis Lozada, El Cubiro, Enrique Rivas, Héctor Cabrera, José Vicente Escobar, Reina Lucero, Iris Gavidia, Cristina Maica, etc., con los cuales compartió escenarios en las extensas llanuras orientales, amén de lo que dio en su estado Lara natal, en Barquisimeto y en Duaca, su Patria chica.

PERO PARA CONOCER A RAFAEL EL MUSICO, es menester conocer al Rafael ser humano, desprovisto de la parafernalia de las luces, del atuendo llanero clásico, del flux o del paltó, a Rafael era necesario conocerlo como era en esencia: fraternal, “amiguero”, era de esos seres que no se arrechaba jamás, por el contrario, siempre nos mostraba su lado humorístico y bueno, porque en efecto era un hombre bueno, servicial, sin divismos, que podía serlo, si hubiese querido, porque a la postre se convirtió en un gran arpista, y de hecho lo bautizan como “El Caballero del Arpa”, y a fe mía que lo era, es decir le colocaron charreteras de músico, pues era una esponja y aprendía de quienes tenían experiencia acumulada, como es el caso de Manuel Rocca (El Indio Tiuna) y Amado Rodríguez, dos maestros en estas lides de la música. Por eso a Rafael Morales, hoy y aún lo recuerdan las que fueron sus esposas, y que me disculpen sus actuales maridos, lo lloran, su hijo y sus hijas, lo rememoramos sus amigos y lo evocan sus amigos músicos, y lo revive un pueblo que recibió del maestro arpista, no tan sólo música, sino también la permanencia de una amistad a prueba de tormentas y rumores.

RAFAEL ERA UNA MEZCLA DE SENTIMIENTOS telúricos cuando tocaba el arpa, se transformaba de tal manera que parecía que estaba haciéndole el amor a su instrumento, al rasguear el cuerdaje parecía al enamorado que acaricia el púbis de su amada, aquello era un acto íntimo, crucial, lleno del vigor con el que la juventud encara sus tareas. Ver a Rafael ejecutando su instrumento era un acto de amor, era un instante que le llenaba de una dulce y magistral entrega, porque el arpa era un enorme reflejo en sus pupilas, allí era donde se conocía el verdadero Rafael Morales, tierno a pesar de que en el bordonear se asomaran rescoldos de bravura y frugal, porque sus interpretaciones estaban pensadas en función de quienes eran destinatarios de su música. Rafael Morales vivió una vida plena de amores y quienes lo conocimos hoy damos fe de su entrega a las tres pasiones que se le alojaron en el alma: la música, sus mujeres y la vida bohemia. Así era él y así lo quisimos sus amigos, porque además su otra pasión fue esa, hacer realidad lo que dijera Aquiles Nazoa en su Credo, que “la amistad era el invento más hermoso de los hombres”.

HOY SE CUMPLEN QUINCE AÑOS del fatídico accidente que acabó con la vida y las expectativas de Rafael Morales, “El Caballero del Arpa”, en plena juventud, en los momentos en que se perdía de vista en su capacidad interpretativa, en los días de la madurez musical, cuando comenzaba a adentrarse en cuanta trocha condujera a la alborada de una parranda, eran sus mejores momentos, en él se afianzaban la reciedumbre del duaqueño y la del hombre fraterno cultivado en estos pueblos donde las mujeres andan despidiendo un olor a esperanza. Hoy hay un responso gris en medio de estas calles, hay un ritual de angustias llenando los espacios, se respira un aroma a tristeza y se deja colar entre las miradas de la gente una desesperante despedida para el que fue alegría y no tuvo en sus ojos cabida para el llanto. Váyanse al carajo, los que esta noche pidan un minuto de silencio por su muerte. Hoy brindo y exijo mil años de aplausos por su vida..!

El Tigre, 17 de diciembre de 2010. Comentarios y/o sugerencias a los Emails: juanmanuelmoriche@gmail.com  y juanmanuelmoriche@hotmail.com